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sábado

Cyberfeminismo: Tecnologías de la subjetividad y políticas de género en las redes de la nueva comunicación


Ana Martínez-Collado

Apocalípticos, integrados, indecisos. Todo menos indiferentes. Las nuevas tecnologías de la información nos ofrecen aparentemente un nuevo panorama de construcción de subjetividad en el espacio virtual. Pero realmente como se pregunta Virilio seremos capaces de urbanizar, de hacer "polis"en ese espacio virtual. Ahora nos enfrentamos con una situación en la que el espacio público es reemplazado por la imagen pública. Asistimos lamentablemente al desarrollo de una "burbuja urbana virtual -escribe Virilio- en la cual el espacio público definitivamente ha cedido el lugar a la imagen pública"1 .

Tal vez la pregunta que quiero compartir con vosotros es la de cómo incentivar la creación de estructuras colectivas que nos permitan evitar el dictado de "Matrix", cómo imaginar dispositivos que impidan su construcción. Si el fin del mundo es imaginado como "el desierto de lo real" destruido por la dominación de lo virtual, de lo que se trata es de resistir a ese destino.


A lo que estamos asistiendo ciertamente es a la anulación de la distancia. Virilio señalaba los peligros de la pérdida de la ciudad real. La ciudad real desaparece, se desurbaniza justo hoy al borde de su implosión, al borde de su estallido catastrófico. "Pienso -escribe- que por culpa de las tecnologías estamos perdiendo el propio cuerpo en aras del cuerpo espectral, y el mundo propio, en aras de un mundo virtual"2 -del cibermundo-.

Jean Baudrillard nos propone otro término para definir esta situación actual de pérdida de distancia: el de "pantalla total". Escribe: "vídeo, pantalla interactiva, multimedia, Internet, realidad virtual: la interactividad nos amenaza por todos lados. Lo que estaba separado se ha confundido en todas partes, y en todas partes se ha abolido la distancia: entre los sexos, entre los polos opuestos, entre el escenario y la sala, entre los protagonistas y la acción, entre el sujeto y el objeto, entre lo real y su doble"3.El sujeto puede en primera instancia sentirse plenamente realizado, próximo a la felicidad. Pero cuando llega este punto "se convierte de forma automática en objeto y cunde el pánico"4.

En relación a la metaforización de la construcción de la subjetividad del siglo XXI nuestra posición es forzosamente contradictoria, ambigua, y demanda por tanto un compromiso. Pero no por ello huye del futuro. Wim Wenders hablando de su famosa película Hasta el fin del mundo (1990), reconoce que su película es una cascada de imágenes porque el futuro será una cascada de imágenes.Según él no se puede hacer una película de ciencia-ficción puritana.


Escribe: "Si esta película es una mirada crítica dirigida hacia las relaciones futuras con la visión, no puede ser solamente crítica". No se puede hacer una película de ciencia-ficción contra el futuro. Y continúa: "No se puede hacer una película contra las relaciones con las imágenes y querer guardar imágenes sagradas".
Tampoco se puede entonces hablar de la construcción de la subjetividad, y prefigurarla solamente como el lugar de todos los monstruos, como el nuevo espacio de la codicia humana. El gran problema desde siempre y más ahora es el de saber quiénes somos y cómo podemos ser en este espacio de las redes de la nueva comunicación. Un espacio tremendamente atractivo, y al mismo tiempo un espacio lleno de peligros de dominación y perdida del control. A partir de una premisa que se impone como paradigmática de la condición postmoderna: la concepción de la identidad como una "construcción social".

El cyborg como metáfora del sujeto posmoderno

En este siglo que empieza el reto está en la forma que adoptará la figura del Cyborg. Cyborgs ya somos todos. Pero, ¿cómo seremos, qué rostro, qué género, qué identidad, qué sexualidad, ...?
"A finales del siglo XX todos somos quimeras, híbridos teorizados y fabricados de máquina y organismo; en una palabra, somos Cyborgs. El Cyborg es nuestra ontología, nos otorga nuestra política"5, escribía Donna Haraway.


Donna Haraway es una de las teóricas más influyentes en el mundo académico y una de las pioneras en pensar las cuestiones de la identidad humana modificada irreversiblemente por las nuevas tecnologías, como propone en su célebre manifiesto, "Manifiesto para cyborgs" (1984).
La mitología del cyborg de Haraway está apoyada en la crítica al sujeto autónomo y centrado del modelo moderno. En el momento en que las nuevas tecnologías cibernéticas de poder comienzan a actuar y a penetrar en los cuerpos de las personas, empiezan a generar nuevos tipos de subjetividades y nuevos tipos de organismo: organismos cibernéticos, cyborgs.
Un cyborg que poco tiene que ver con los terminators quebrantahuesos a lo Arnold Schwarzenegger. Al contrario, un cyborg es un sujeto que se sabe "no todo", incompleto, "otro". Y que por tanto, se identifica a la postre con todos los "otros" -las mujeres, minorías étnicas y raciales, homosexuales, incluso como un otro "masculino" -pero en tanto que no dominante, en cuanto liberado él mismo de cualquier pretensión hegemónica, centrada, estable. La aventura del cyborg es, bajo esa perspectiva, la aventura misma del sujeto contemporáneo.
La imaginería del cyborg es una de esas figuras privilegiadas de lo moderno que ejemplifica el lugar de la contradicción -del peligro y de la esperanza. Por una parte, el cyborg es el lugar horror de las creaciones científicas, pero al mismo tiempo es la ficción del nuevo Prometeo del siglo XXI.


Ningún optimismo ingenuo, sin embargo, nos evita sentir un escalofrío hacia esas nuevas configuraciones posmodernas del poder en manos de las corporaciones multinacionales, los ingenieros genéticos o los magnates de los medios de comunicación. El manifiesto de Haraway es también un grito de alarma. Una llamada política y estratégica para evitar caer en una realidad marcada de nuevo por la opresión. Reclama una participación en la construcción de un futuro mejor. Escribe: "… nuestro reto es luchar por un cyborg emancipado: por la fluidez, por lo heteromórfico y por la confusión de los límites; por el control de las estrategias posmodernas, por las condiciones y las interfaces limítrofes…."

Cyberfeminismo

Hacer habitable la red, urbanizar este territorio expandido de las comunicaciones informáticas ha sido uno de las tareas que han convocado a muchos artistas, críticos, activistas políticos, e historiadores. La década anterior se ha desarrollado en el espacio cybernético motivada, con gran generosidad por muchos de sus pioneros, por un último aliento utópico -tal vez característico de todo fin de siglo- que intentaba aplicar los criterios de interactividad, y participación, bajo la perspectiva de hacer posible la globalización de la creatividad y la universalización de las libertades.
En este contexto, el cyberfeminismo se puede entendió como un espacio abierto de posibilidades que se dan para el pensamiento y el activismo feminista en la red
Recordemos que coincidiendo con los orígenes del Net Art algunas de las artistas más reconocidas de los ochenta-como Jenny Holzer, o Julia Scher- junto con otros artistas como Lawrence Weiner, estuvieron invitados por Benjamin Weil a experimentar con los procedimientos de Internet en uno de los web sites más míticos Äda'Web.


Sin embargo el momento álgido del cyberfeminismo se desarrolla cuando en septiembre de 1997 se celebró en Kassel la Primera Internacional Cyberfeminista en la Documenta X.
Net artistas mujeres comenzaron entonces a ganarse una posición reconocida. Rachel Baker, Josephine Bosma, Shu Lea Cheang, y las VNS Matrix -un grupo de artistas y activistas de Adelaide (Australia) que escribieron ya en 1991 el primer Manifiesto Cyberfeminista-, todas ellas eran de las pocas mujeres que estaban haciendo importantes trabajos.
Internet en general vivía en aquellos años un momento de euforia y entusiasmo, y un movimiento tan plural y activista como el cyberfeminismo nacía en un clima de optimismo.
Muchas son las preguntas que podemos hacernos. Entre ellas, las que nos plantea Alex Galloway: "¿En qué medida nos marca sexualmente la tecnología?, ¿Se consigue desterrar la discriminación de Internet con el anonimato sexual del medio?, ¿Puede la tecnología ayudarnos a superar el patriarcado?"
De la virtualización a la materialización
Los teóricos de la red hablan ya de un segundo momento en lo que se refiere al ciberespacio. Aquel en el que dejemos de importar información a la realidad virtual -proceso de virtualización, para comenzar a desarrollar a través de la nanotecnología (esa ingeniería de ordenadores moleculares capaces de juntarse y de reproducirse solos en el interior de las células humanas), la biotecnología, la ingeniería genética (desarrollo de la clonación, reproducción asistida, selección de la especie), un proceso de materialización de lo virtual..


Organismos cybernéticos, androides, replicantes, humanos biónicos, hombre/máquinas e híbridos, los cyborgs representan una infamiliar "otredad" frente a la estabilidad de la identidad humana. Al cuerpo del cyborg se le considera transgresivo con el orden de la cultura dominante, y no tanto por ser una naturaleza construida, sino por su diseño híbrido. Están abiertos a todas las posibilidades del ser. No son seres que procedan de la transmisión especifica de un código heredado, sino el resultado de una ingeniería, del laboratorio, de una aplicación del conocimiento al deseo o la voluntad. Por esta razón, el cyborg nos proporciona también un contexto privilegiado para estudiar la identidad de género como resultado de una producción simultánea de materia y ficción, cuerpo y cultura.

En cualquier caso, la problemática del sexo y su relación con las nuevas tecnologías es una de las cuestiones más actuales que se plantean en el territorio de la red. Precisamente en el último Ars Electrónica 2000 -que se celebró en septiembre-, un festival que está programáticamente dedicado a explorar los caminos por los que los artistas y la tecnología pueden influir en los cambios sociales y políticos, tuvo como tema general: El próximo sexo. La sexualidad en la era de la procreación supérflua. Y su objetivo fue el de investigar combinando una aproximación científica y artística al mismo tiempo "los contornos de una sociedad -declaran los organizadores- en la cual el ser humano es genéticamente configurado -no simplemente nacido, sino fabricado-, en la cual el sexo es relevado de su función indispensable para la reproducción, y en la cual la batalla de los sexos tanto como los mecanismos morales en nuestra sociedad deben ser reorganizados". "Esta excursión en el futuro de la humanidad -continúan explicando- es significante en el trazado de las rutas por las que se encaminará nuestro futuro -una aventura en la cual el arte no debe permanecer excluido de la conciencia moral de la sociedad".


Esta problemática está generando sin duda un amplio espacio de debate en la red. Como por ejemplo, las actividades del grupo subRosa6, dedicadas a las relaciones entre el cuerpo femenino, la biotecnología y las técnicas de reproducción. O las distintas listas de correo y forums que plantean la cuestión entre tecnologías reproductivas y cyberfems.

Paradojas y peligros de la feminización cyborg

Feminización del cyborg como metáfora de la condición posthumana en la que los límites entre los sexos se hacen cada vez más borrosos. Esta confusión, sin embargo, no debemos olvidar que no siempre beneficia a las mujeres. O por lo menos debemos estar atentos a la recreación de un imaginario cuyas consecuencias aún no podemos calibrar.
En el caso, por ejemplo, de la ciencia-ficción las fantasías sobre el cuerpo femenino están relacionadas especialmente con el cuerpo reproductivo. Sistemas alternativos de procreación y nacimiento que en algunos casos remiten a lo monstruoso.
En Alien, clásico del género, el ordenador principal se llama "madre", y el monstruo es también una madre malvadísima, reproduciéndose como un insecto monstruoso que pone huevos en el estómago de la gente en un acto de penetración fálica por la boca. Madre como fuerza generadora omnipotente, prefálica y maligna. Un abismo.
Y en Matrix -útero universal- en el que todos estamos atrapados, y desde el que somos programados. Atrapados en su existencia -somos seres tejidos en la gran red de redes-, incapaces de escapar a la "otra" realidad más auténtica.
En el lugar de la mixticidad de los géneros, apropiación de la Gran Madre arcaica dominadora, castigadora, represora, recipiente todopoderosos de la vida y la muerte. Hélène Cixous o Julia Kristeva reivindicaron la fuerza de lo maternal como una fuerza propia de lo femenino que podía conducir a una "feminización de la existencia" en el sentido que estamos defendiendo de disolución en el lenguaje, de experiencia de fin de los sistemas dominantes, de las jerarquías.


Es evidente que las nuevas tecnologías no son en si mismas ninguna panacea de salvación, ni ninguna utopía realizada. Promueven el ejercicio de la palabra pública de las mujeres, pero también reproducen sus estructuras de desigualdad y de dominio.
El milenio se inaugura sin duda con operaciones de alto riesgo desde todos los puntos de vista político, económico, social, y por supuesto respecto a la subjetividad de los individuos. Sin duda la lucha de las mujeres ha sido y es imprescindible, pues la dinámica democrática sigue siendo insuficiente y los roles aplicados a los sexos se renuevan sin cesar. La batalla para alcanzar las metas pendientes requiere no sólo las transformaciones necesarias para que las mujeres adquieran las posibilidades estructurales para acceder al mundo del trabajo en plena igualdad de condiciones, sino además una feminización del poder, del capitalismo, de los imaginarios simbólicos de nuestra sociedad. Y esto como podéis suponer no es una tarea fácil.
En el último encuentro internacional cyberfeminista, organizado en 1999 por el grupo de Old Boys Network, las preguntas que reunían a las participantes insisten en luchar contra el dominio de la tecnología, cómo activar el Hakerismo, cómo hacer frente a la globalización. Y en el séptimo encuentro de Estudios de Performance Internacional en la primavera del 2001, se organizó un panel cyberfeminista para analizar su carácter nómada, de frontera, para explorar las transformaciones y transgresiones posibles en el ciberespacio.
Su deseo en ambos casos: potenciar la red de redes como única esperanza de imaginar un mundo distinto -como única forma de enfrentar la comunidad que viene.
No una comunidad regulada por los efectos de identidad, sino meras comunidades fluctuantes reguladas tan sólo por la instantánea y efímera expresión de la diferencia.


No es este, sin embargo, un alegato a favor de los nuevos medios. No hay inocencia en ellos, ni son en sí mismos ninguna salvación. Simplemente, son un medio cuyas potencialidades permiten aún ejercer una resistencia ante la esfera plana de los acontecimientos.La red como sueño de la urbanización dispersa.
Notas
1.Paul Virilio, Cibermundo ¿Una política suicida?, Dolmen Ediciones, Santiago, 1997, p. 47.^
2.Ibidém., p. 49. ^
3.Jean Baudrillard (1993), Pantalla total, Anagrama, Barcelona, 2000, p. 203. ^
4.Ibidém., p.207. ^
5.Donna J. Haraway (1984), "Manifiesto para cyborgs: ciencia, tecnología y feminismo socialista a finales del siglo XX", en Ciencia, cyborgs y mujeres. La reinvención de la naturaleza (1991), Cátedra, Madrid, p. 254. ^
6.http://www.cyberfeminism.net/index.html ^
7.http://www.obn.org/index.html ^
8.http://thing.at/face/index1.htm ^
9.http://www.axisvm.nl/ ^
10.http://www.dykeactionmachine.com/ ^

lunes

Feminismo + Software

El mundo tecnológico está dominado por hombres” reportaje de Mariana Carbajal publicado acá.

La española Angustias Bertomeu Martínez es referente en el mundo de habla hispana en la producción de software con perspectiva de género. Aquí, explica por qué las mujeres tienen mayores dificultades para apropiarse de las tecnologías de la información y las comunicaciones. Y para qué usan Internet las mujeres y los varones.

–¿Cómo nació la idea de crear más de diez años atrás un portal con perspectiva feminista en la red?

–En ese deseo de empezar a poner contenidos que yo no encontraba en la red. Estoy hablando de 1990/1991, cuando en España el uso de Internet era incipiente. Así surgió la idea del E-leusis, que se entronca con el saber histórico de las mujeres, de ahí su nombre. Eleusis era un templo dedicado a la sabiduría a 30 kilómetros al noroeste de Atenas, en la Grecia antigua. Era un lugar gestionado por sacerdotisas y dedicado a la diosa Deméter y su hija Perséfone, ellas eran las guardesas del conocimiento y el deseo. En aquella época había que peregrinar a Eleusis para adquirir el estatus de la sabiduría. Me pareció que era un modelo emblemático para las mujeres: sabiduría, conocimiento y deseo. Las tres cosas juntas. Ese lugar está en el Mediterráneo, yo vivo en el Mediterráneo y me pareció interesante tirar de genealogías femeninas para construir un espacio nuevo, que tuviera que ver con el deseo y las necesidades de las mujeres, un lugar donde una es sujeto de la actividad, porque las mujeres somos protagonistas, porque gestionamos la vida nuestra y de los que nos rodean.

–¿A qué se refiere?

–Somos el 51 por ciento de la población y gestionamos la vida para que el otro 49 por ciento pueda desarrollar sus tareas: así está establecido por injusto que sea. Pensé que debía generar un espacio en el que ese punto de vista se cambiara y que las mujeres pasaran a ser protagonistas. Ahí aparece e-leusis www.e-leusis.net) como un portal. Es el primer portal que se hace en España, y creo que en castellano, donde cinco mujeres feministas desarrollamos un software propio que se basa en el reparto de la palabra. Ahora le llamamos un gestor de contenidos, pero han pasado diez años: era un lugar donde cinco mujeres desde cualquier lugar, sitio u ordenador, podíamos implementar y modificar contenidos.

–Mucho antes de la era del blog...

–Claro, estoy hablando de 1999. En el 2000 lanzamos el portal, con asesoría jurídica, hincapié en la problemática de la violencia de género, en cuestiones de empleo, comunicación, sociedad. En aquel momento no existía todavía un software estándar que nos permitiera el reparto de la palabra. Y lo desarrollamos nosotras. Lo hicimos a mano, apelando a las tradiciones de la cocina. Y empezamos a publicar. Es un proyecto político, de ideología feminista. En ese momento ya existían algunas listas de distribución dedicadas a temas de mujeres, que luego se convirtieron en portales especializados en género. En e-leusis todo el mundo puede publicar, es un lugar abierto, respetando los derechos de no injuriar a las personas. Casi un 50 por ciento son contenidos de todo el mundo. Acumuladas tenemos 32 millones de entradas. Registramos 1200 sesiones diarias.


–¿En qué consiste el proyecto de alfabetización digital que usted impulsa en España?

–Está dirigido a hombres y mujeres, pero especialmente a mujeres. Esa línea de trabajo se inicia en mi propia resistencia a la tecnología. Cuando yo empiezo a enloquecerme con los equipos y veo que nada se llama como parece (los disquetes son cuadrados y se llaman disquitos, el disco duro, cuando lo vez es una pieza rectangular y le llaman disco, cuando voy a comprarme un ordenador me dicen que es importantísimo la memoria caché (RAM) y me vuelvo loca para que no se me olvide, hasta que alguien me dice “ése es como el almacén de tu despensa”...) Entonces me di cuenta de que hay un lenguaje tecnificado absurdamente y que responde a los nuevos gurúes informáticos. Las personas que no estamos en el grupo de tecnólogos estamos rendidas y ellos no están dispuestos a facilitarnos la comprensión. Una de nuestras propuestas es la de aproximarse a las TIC desde la experiencia personal y las historias de vida. Desarrollamos un software (La vida en un chip) que está diseñado para trabajar con grupos que están fuera de los circuitos laborales y les resulta difícil adentrarse en contenidos específicos. En general las mujeres valoran el aspecto práctico del aprendizaje y las que están fuera de los circuitos más o menos reglados del empleo, no encuentran motivación suficiente para sumir el esfuerzo de tiempo y dedicación necesario para aprender y disfrutar de las ventajas de la sociedad de la información. Este material propone partir desde las historias de vida personales, los recuerdos, la memoria personal o de grupo. Enseña a construir pequeños multimedias a partir de fotos familiares, hasta llegar a realizar videos.

–¿Cómo se enfrentó a ese mundo sin saber nada de informática?

–Lo primero que hice fue un glosario desmitificador de la tecnología. Yo pertenezco al movimiento feminista en España y en la universidad me pidieron que ponga mi feminismo en la tecnología. Eso fue en el ‘95. Nunca se había hecho. Estaba dando clases en un master en Mediación en la Comunicación y mi tarea era investigar y dar formación en TIC a las alumnas. Si estaba hablando del poder de las TIC, no podía darles la información en papel. Entonces puse mis apuntes en un CD. Cuando se los entregué, la perplejidad fue absoluta. Ellas pedían papel. Saqué por impresora todos los contenidos que tenía en el CD y grabé en videos todos los multimedias que incluía y fui a clase con una caja de 5000 folios, y otra con 8 cintas de video. “Como son 120 alumnas tienen que reproducir esto por 120 o llevarse el CD”, les dije a la clase siguiente. Eso produjo un conflicto cognitivo, como llamamos los docentes, una sensación de incertidumbre y entonces convertí mi clase en el master en un taller para aprender a usar Internet y las nuevas tecnologías. Ahí apareció el concepto de cibergénero. Me di cuenta de que yo no era más tonta que cualquiera de mis compañeros de trabajo ni que cualquiera de los alumnos que deambulaban por la facultad, y sin embargo, cuando se hablaba de nuevas tecnologías yo me podía tensa e insegura y ellos no: aunque después confesaban que no las entendían, pero estaban habituados a familiarizarse con las máquinas. Luego pensé: “Algo pasa aquí, si yo soy por lo menos igual que ellos”, pero ellos dicen “ya lo miro” y yo digo “jamás”. Empecé a pensar por qué me pasaba eso, por qué mi tecnofobia. Entonces investigué a lo largo de la historia qué presencia había de mujeres en la ciencia y la tecnología y qué había pasado para que nos hubiéramos salido del camino de la tecnología y hubiéramos entrado en el camino del rechazo.


–¿Y qué encontró?

–Nosotras, las mujeres, tenemos rechazo a cuestiones de la tecnología que tienen que ver con el ocio o el trabajo pero no a aquellas que nos resuelven cuestiones de la vida cotidiana. Mi lavadora es más compleja que mi ultraportátil que me he comprado hace poco y, sin embargo, no conozco a ninguna mujer, a ninguna, que tenga rechazo a usar la lavadora o al microondas. Pero en cambio en los varones es común escuchar que no la saben usar pero sí saben bajarse películas de Internet. Eso no encaja. No es genético, como casi nada es genético. En mi búsqueda encontré 150 figuras de mujeres desde el Paleolítico hasta la actualidad, vinculadas con el desarrollo y a la innovación tecnológica.

–Invisibilizadas por la historia de la ciencia...

–Invisibilizadas. Con esa información hicimos un software que se llama cibergénero. Todo el mundo tecnológico está dominado por hombres y proyectan su pensamiento androcéntrico en los desarrollos. Ese software lo usamos para la alfabetización digital en distintas comunidades autónomas. Damos talleres a mujeres: primero les hablábamos de la presencia de las mujeres en la ciencia, desmontábamos el falso paradigma de las tecnofobia en las mujeres, y a partir de ahí les hablamos de aprender a comunicarse porque un grave error es enseñar informática. Cuando en casa nos pusieron el primer teléfono no recuerdo que nadie de mi familia se hiciera ingeniero en telecomunicaciones. Vino un señor de Telefónica de España, nos dijo cómo usarlo y se fue. Nadie entró en la complejidad de saber cómo funcionaban las líneas. Muchas veces, los que enseñan informática, pretenden que nos convirtamos en ingenieros en sistemas. El software feminista es un software de sentido común: les enseñamos desde las necesidades y deseos de las mujeres para comunicarse y no sobre lo que se supone que tienen que saber. Y enseñamos que los equipos que necesitamos se pueden castellanizar: podemos llamar torre o caja y no CPU; enlaces a los links. Las mujeres tenemos un pensamiento sistémico muy similar a como funciona la red: son enlaces de hipertexto, que son recorridos de ida y vuelta, y en cada uno de ellos se añade contenidos. ¿Qué hacemos las mujeres? Están aquí pero están pensando que tienen que ir a su oficina, pero deben apurarse para ir a su casa, y piensan al mismo tiempo que sería llegar y poner la lavadora y sacarla antes de que termine el programa así no se arruga tanto la ropa y no la tienen que planchar, y que tienen que llamar a su madre, y si tienen chicos, están pensando si llegarán a tiempo para buscarlos a la salida de la escuela. Las mujeres armamos conocimientos dispares que sabemos relacionar. Eso es muy de Internet, las mujeres armamos redes, de apoyo, de sustento, de solidaridad. Entonces, esa combinatorias de nuestras habilidades de trabajo en red y de conocimiento nos aproximan con mucha soltura a Internet. Las mujeres te dicen “yo de informática no sé nada”, pero si les hablas de comunicación inmediatamente aprenden. La hacen suya y se hacen protagonistas de la comunicación.

–¿También tiene una veta artística?

–Sí, hacemos arte electrónico feminista, otra línea de trabajo que une la tecnología con nuestra forma de ver el mundo. Buscamos en los orígenes, rescatando nuestra genealogía para tener dónde mirar. Pasamos del hilo que usamos para coser el territorio de la vida, al hilo telefónico para alumbrar la modernidad, hasta los hilos de luz de la fibra óptica para construir una ciudad. Tejer la piel, tejer la lana, tejer los cables, tejer la red. Hemos creado distintas instalaciones. Una de ellas, Mapa del Cuerpo, es una aplicación que construye un cuerpo de mujer a partir de las fotos de mujeres que pasan por el espacio. Se van instalando dentro de la silueta pixelada del grabado de la imagen de Eva, realizada por Durero en 1507. La suma de identidades diferentes genera el mapa del cuerpo simbólico compartido, añade el plus valor de las mujeres, elaborando la vida y los deseos. La génesis compartida del cuerpo de Eva. Una cámara digital en su mano, que sustituye a la manzana como símbolo del mal, devuelve al público esa otra mirada de las mujeres, y la vida en la mano... Tenemos otra instalación, E-Vírgenes, que se compone de dos proyecciones digitales complementarias, que trabajan sobre la reconstrucción del arquetipo de las Evas europeas y panamericanas: las mujeres sujetos de la tecnología asumida por transmisión social trabajan para la recuperación de los perdidos ámbitos femeninos. Las ancianas indias tejen en las mantas las enciclopedias de sus pueblos. Hilaturas y tintes, los códigos de su historia, son el software; telares y ruecas, los soportes de la tradición, el hardware; lazadas y puntos, el abecedario de su idioma, los píxeles; religiosidad, invocada en letanías, el wetware.

–¿Para qué usan las mujeres Internet?

–Para comunicarse, para buscar información de salud para nosotras y nuestros entornos familiares, y para gestionar el bienestar familiar: somos las encargadas de gestionar matrículas de todo tipo, recetas de todo tipo, informaciones de becas, accesos a, etc. Ahora hay que dar un paso más: ser protagonistas, subir contenidos a Internet, producirlos y subirlos. Cuando se habla de producir software la gente se asusta porque piensa que es hacer un programa como el Office: hacer una aplicación también es hacer un pequeño video o multimedia, subir fotos, eso también es hacer software. Porque la red todavía está ausente del patrimonio de las mujeres. Las mujeres están infrarrepresentadas en todos los ámbitos de la toma de decisiones concernientes a las TIC. Un acceso equitativo a las tecnologías y la posibilidad de producir y recibir información de manera autónoma, según sus necesidades y deseos, son condiciones indispensables para el acceso de las mujeres a la construcción de una sociedad de la información para la ciudadanía. No podemos confiar en que el acceso de las mujeres a las TIC se puede producir de manera natural, mientras permanezcan actitudes y desarrollos tecnológicos insensibles a las diferentes condiciones de acceso y conocimiento entre hombres y mujeres.

–¿Y para que usan Internet los varones?

–Para ocio, que es una forma elegante de decir pornografía, sexo, prostitución y casinos. Y hay otra variable que es más presentable que es el fútbol. O en entornos de trabajo. Y ahora se ha añadido, por la calidad de banda ancha, los juegos de rol, que aunque también las chicas los juegan, todavía los jugadores son mayoría varones.

–A todas las mujeres no les interesa Internet. Algunas sólo usan el correo electrónico. ¿Por qué este imperativo de involucrarse con las TIC?

–Internet es un espacio político donde cada vez suceden más cosas y que cada vez tiene más repercusión sobre la vida real. Para mí Internet tiene valor si sirve para que otras se empoderen, cuando eso tiene solidez en tierra, lo subo a la red y tiene vida. ¿Por qué participar? Porque las mujeres tenemos que participar como en cualquier espacio político. Pero así como todas las mujeres no tenemos que estar en todas las instituciones políticas, no todas tenemos que estar participando en esos niveles. Ahora: una cosa es que no sea personalmente tu espacio de desarrollo y otra que no reclamemos el espacio en Internet y nuestra forma de mirarla.

viernes

Reality hacking ¿quién teme a los códigos de realidad?

Algunas máquinas llevan tanto tiempo operando en la realidad que han producido estructuras y códigos disciplinarios que consideramos normales –normalizados- mientras que otras irrumpen en el contexto social produciendo rechazo o ilusión por los cambios que anticipan. En 2001, las Guerrilla Girls imaginaron el cartel de una película ficticia titulada “The Birth of Feminism” en el que Pamela Anderson, Halle Berry y Catherine Zeta-Jones, en bikini y actitud provocadora, exhibían una pancarta con el eslogan “Equality Now”.
El objetivo de esta acción no era sólo denunciar el uso y abuso de la imagen de la mujer como recurso publicitario, algo que sólo hubiese interesado a quienes ya gozan de una conciencia de género bien arraigada. Su propósito era más sutil y consistía en atraer al espectador, ganarse su confianza para, después, sorprenderle con un mensaje que no estaba preparado para recibir. “They make women´s rights look good. Really good” era el subtítulo.



La táctica activista del primero un guiño y después un codazo, como la utilizada por las Guerrilla Girls, es una forma de reality hacking que apuesta por la apertura y la reescritura subversiva de los códigos de realidad de toda índole: mediáticos, tecnológicos, sexuales, arquitectónicos, lingüisticos, políticos, económicos, sociales o afectivos. Inspirado por movimientos artísticos como Fluxus, el situacionismo y, en general, el discurso de la interacción entre el arte y la vida, el reality hacking pronto empezó a ser utilizado con propósitos de agitación directa, pasando del artivismo digital y la desobediencia civil electrónica a las protestas populares contra el FMI, el Banco Mundial y el tráfico global de mercancías, servicios y capitales. El hacker de realidad, al igual que el informático, conoce bien los sistemas y los interviene, dándoles un sentido y una utilidad radicalmente nuevos. Como estrategia de agitación, el reality hacking no se sitúa ni en la denuncia utopista ni en la confrontación directa. Es, más bien, un método para pensar el entorno y actuar sobre las relaciones semióticas y fácticas en las que se apoya.

También el colectivo activista The Yes Men hackea los códigos de realidad cuando sus miembros se hacen pasar por representantes de la OMC (Organización Mundial de Comercio) y acuden a conferencias internacionales en su nombre. En una de ellas, dedicada a la producción textil internacional, exponen con absoluta serenidad la hipótesis de que, de haberse dejado la esclavitud en manos del libre comercio, ésta se hubiese convertido "naturalmente y sin necesidad de intervención estatal" en un medio de contratación legal de los trabajadores del tercer mundo, avalado por el GATT. Al finalizar la conferencia, el Yes Man se desprende de su traje y exhibe un mono de licra coronado por un enorme pene y una pantalla: es la nueva propuesta de la OMC para controlar a los trabajadores de la industria textil en el mundo.

El acto culmina con muchos aplausos, cocktail de agradecimiento y, al día siguiente, foto a color en el periódico local.

Si adaptamos la definición que propone el diccionario Jargon File, reality hacker sería entonces todo aquél que “disfruta del reto de superar creativamente las limitaciones que le rodean”, subvirtiendo los códigos que constriñen nuestro interfaz tanto en el ámbito público -el del consumo, la socialización o la acción política- como en el ámbito privado -el de los procesos de reflexión, seducción, admiración o afecto. Y, mientras que el primero es objeto de múltiples intervenciones con vocación política o artística, las experiencias de intervención subversiva del segundo, el de lo íntimo y lo personal, continúan siendo anecdóticas, casi exclusivamente relegadas a las formas de activismo queer. Desde el famoso lo personal es político hasta las teorías ciber y post-feministas de la década de los noventa (con las limitaciones inherentes a todo tipo de etiquetas), el pensamiento de género se ha preocupado por explorar los límites entre lo real y su discurso, proponiendo apropiaciones inéditas y socialmente abiertas -horizontales y participativas- de los códigos de identidad más arraigados, como las categorías hombre/mujer, humano/máquina o naturaleza/cultura. Cuando Donna Haraway afirma: “A finales del siglo XX -nuestra era, un tiempo mítico-, todos somos quimeras, híbridos teorizados y fabricados de máquina y organismo; en unas palabras, somos cyborgs” propone una celebración creativa de estas confusiones y apela a nuestra responsabilidad y nuestro placer para construir otras distintas.


Audaces, originales y de nueva planta. Y no sólo en la esfera de los discursos del género sino también en las relaciones -últimas pero igualmente políticas- que establecemos con los demás agentes del entorno, ya sean de carácter humano o tecnológico.

Un ejemplo. En un texto escrito para Netlach, Laurence Russel ironizaba sobre la utilidad de una aplicación como el Open Office que sugiere al usuario el estilo más correcto de redactar un texto. Parece que está escribiendo una carta es una manera amable pero autoritaria de orientar la conducta que asume que todo aquél que se separa del formato establecido está, seguramente, cometiendo un error. Es decir que, pese a ser una herramienta de software libre, el Open Office parte del convencimiento de que existen estilos correctos y otros que no lo son y actúa como agente autorizado para decidirlo. Por defecto, se impone al usuario y configura su subjetividad, su estar ante la máquina, orientándolo hacia códigos de realidad de corte verticalista. El sistema cultural en que se apoya dista mucho, por tanto, de la actitud hacker de la que supuestamente se inspira y, ante la duda, opta por la llamada al órden, replicando modos de experiencia propios del viejo paradigma, como la autoridad, la racionalidad y la separación entre quien habla y quien escucha, entre quien escribe y quien lee lo que otros han escrito, entre quien programa la aplicación y quien la utiliza. La mayoría de nosotros no recurre al software libre para destripar el código sino en busca de herramientas que nos permitan ser agentes activos en la determinación de nuestro entorno tecnológico. Pero, como en el caso del Open Office, esto es algo que, por desgracia, no suele ocurrir. También las aplicaciones de código abierto, aunque gocen del beneplácito de un gurú como Richard Stallman, nos imponen la actitud de consumidores pasivos de mitos, innovaciones y categorías de realidad que ordenan nuestro espacio de interacción personal con la máquina.

Las preguntas que sugiere el reality hacking aplicado a la esfera de lo personal son las siguientes. ¿Hasta dónde estamos dispuestos a llegar en la desactivación de los mecanismos de autoridad, órden y referencia? ¿Y hasta qué punto es viable -y creíble- un proyecto colectivo de emancipación tecno-social si los códigos de realidad de nuestros sistemas operativos internos continúan siendo los mismos? El método que se propone desde el reality hacking no es el de buscar respuestas a estas preguntas y asumirlas como válidas sino el de elaborar un mito: “una historia de origen inidentificable relatada una y otra vez con distintas variaciones que niega la primacía de una historia identificada como única verdad”. Lo que no significa mitificar el reality hacking o teorizarlo como un concepto intelectual más, sino construirlo desde la praxis, la insolencia y el desafío sistemáico de todos los códigos, desarrollando colectivamente un discurso permeable, en permanente cuestionamiento y retro-alimentación, en el que no existan categorías legítimas ni sujetos autorizados.

María Pérez.